• Abel T.

¿La agricultura y la ganadería ecológicas pueden salir reforzadas de la crisis energética?



Ya hace bastantes semanas que los desbocados costes energéticos impactan en el precio de los alimentos, que acumulan subida tras subida como puede comprobarse en cualquier supermercado. Al encarecimiento del transporte en una cadena productiva globalizada, debe sumarse el mayor gasto que requiere la energía para la propia producción de los alimentos -ya sea la electricidad o el gasóleo para la maquinaria agrícola- y, desde hace varios meses, serios problemas para acceder a los fertilizantes industriales. Especialmente a los nitrogenados, que dependen en gran parte del gas natural, el combustible fósil que ha experimentado un mayor incremento de precio últimamente, lo que se ha traducido en una reducción de la producción de este tipo de abonos y ha obligado a dedicar más dinero para adquirirlos. Para culminar la tormenta perfecta, la guerra de Ucrania -más allá de agravar la crisis energética- reducirá los stocks de aceite de girasol, maíz, cebada o centeno, de los que este país -conocido como el granero de Europa- es uno de los principales productores mundiales.

Por todo ello, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) ya avisa de que estamos a las puertas de una nueva crisis alimentaria global y expertos como el investigador del CSIC Antonio Turiel consideran que "pasar de una agricultura industrializada y con una gran inyección de los combustibles fósiles a una regenerativa y ecológica es ineludible, pero hacerlo requiere tiempo". Pero, ¿hasta qué punto la agricultura y la ganadería ecológicas están mejor preparadas para adaptarse a la actual tormenta perfecta, que en algunos ámbitos, como la crisis energética, probablemente vive ya una situación más estructural que únicamente coyuntural?

"Estamos mejor preparados y en mejor situación [que la agricultura convencional], pero todo ello también nos afectará", comenta Ferran Berenguer, responsable nacional del sector de la agricultura y la ganadería ecológica de Unió de Pagesos y productor de Cal Rosset, una explotación del Baix Llobregat (Barcelona). A pesar de la menor dependencia de los combustibles fósiles, éstos no son inexistentes en la agricultura ecológica. "El reparto de la producción lo hacemos a nivel local, en circuitos cortos, y seguro que ahorramos [en carburante], pero para trabajar en la huerta sí que utilizamos tractor y, por lo tanto, sufrimos el encarecimiento del gasóleo", detalla Berenguer.

El responsable del sector en Unió de Pagesos, el principal sindicato del campo catalán, explica que un factor clave para reducir la dependencia que todavía tienen de los combustibles fósiles es "dejar de labrar con tractor o, al menos, reducir la labranza", si bien añade que hacerlo "es complicado". "En frutales esto implica segar la hierba en vez de labrar y ya se empieza a hacer. Esto genera una autofertilidad [del campo], porque se van reciclando los nutrientes. El hecho de no remover la tierra hace que el sistema funcione de manera natural, pero con la huerta tienes la competencia de la hierba y no labrar es mucho más complicado. Para ello debes incorporar mucha materia orgánica y dejar de labrar provoca un impasse en el que las producciones bajan mucho", relata. En cualquier caso, sí reconoce que hay productores que están experimentando para encontrar sistemas que lo hagan posible.

No utilizar abonos de síntesis, como los fertilizantes nitrogenados, sí constituye en principio una ventaja clara de la agricultura ecológica respecto a la convencional -o industrializada- en el actual contexto. Con todo, Ferran Berenguer opina que "quizás también acabaremos sufriendo un encarecimiento de precios en los abonos naturales, porque es posible que haya una mayor competencia de los productores tradicionales", que podrían recurrir a ellos ante los costes desbocados que sufren los fertilizantes industriales. Otros elementos que sitúan en mejor posición a la producción ecológica son su diversificación de los cultivos, porque aporta una mayor cantidad de nutrientes al suelo, lo que se traduce en más "fertilidad natural", y el hecho contar siempre con "más materia orgánica".

La situación es mucho más grave en la ganadería ecológica. Hablamos con Martina Marcet, responsable de la explotación de Cal Roio, en La Nou de Berguedà (Barcelona), que produce pollo y ternera. Marcet, que también es socióloga y forma parte de Ramaderes de Catalunya, explica que "desde septiembre sufrimos una subida muy bestia del precio de los cereales", como consecuencia del encarecimiento de los combustibles fósiles, de los fertilizantes y, también, de "la especulación que se produce en los mercados de futuros" de los alimentos.

Todo ello impacta también en el coste del cereal ecológico, que en su caso llega parcialmente de fuera. "El pienso ya nos había subido entre un 15-20% de precio y con la guerra de Ucrania todo se ha encarecido más", detalla. La búsqueda de proveedores alternativos al cereal ucraniano, por ejemplo en América Latina, es una de las vías para intentar detener una dinámica alcista de los costes que, de momento, no se ha frenado.

La afectación es menor en los animales de pasto, como la ternera, si bien a menudo se encuentran con que no pueden pastar todo el año –en el caso de Cal Roio, con una finca situada en pleno Catllaràs, no lo hacen en invierno-, por lo que "debes complementar la comida y a veces debes comprar forraje fuera". Y, por lo tanto, también sufren el actual círculo vicioso de precios. Paralelamente, los servicios asociados, como el matadero o, por supuesto, el transporte de los pedidos a los comercios o grupo de consumo agroecológicos, también han incrementado el coste, por el encarecimiento eléctrico y de los carburantes. La única alternativa ha sido repercutir los sobreprecios a los consumidores, porque al fin y al cabo hablamos de un tipo de explotaciones con un margen de beneficio muy reducido, que apenas permiten pagar los sueldos.

En su caso, Ferran Berenguer admite que también se están viendo obligados a "repercutir los costes" porque, por ejemplo, "nos ha subido la mano de obra", que es importante porque "tenemos mucho trabajo manual". La cuestión, sin embargo, es que "seguramente el impacto para nosotros es menor, porque el precio en origen [de nuestros productos] era superior y, entonces, el encarecimiento es más pequeño" en términos relativos.

Pese a todos los matices, para Ferran Berenguer ahora "todavía tiene más sentido que antes" pasarse a la agricultura ecológica, si bien reclama mayor apoyo público. El campesino considera que "necesitamos mayores cambios y nos falta investigación para superar dificultades con la que nos encontramos", como "suelos muy delgados o la falta de lluvias en determinadas zonas", por lo que todavía "falta mucho recorrido" para mejorar la situación de los productores ecológicos en Catalunya. En este sentido, denuncia los pocos recursos que destina la Generalitat a este ámbito y, por ejemplo, lamenta que se esté implicando a los productores a debatir sobre un nuevo plan de acción que, de momento, "no tiene presupuesto".

Martina Marcet, a su vez, ve "evidente" que "el cambio debe ir hacia un modelo [de producción] agroecológico", pero advierte que "el problema es que la gran mayoría de la gente que hace convencional está en una situación muy al límite a nivel económico", por lo que para realizar la transición hacia la agroecología es imprescindible "el apoyo de la administración". Además, añade que quienes se dedican actualmente a la ganadería ecológica se encuentran también con una situación "muy frágil", porque ya parten de tener "muy poco margen económico", por lo que cualquier sacudida en los costes -ya sea por el encarecimiento energético, de los piensos o por inversiones obligadas por cambios normativos- "puede provocar que no podamos aguantar". En mejor situación se encontrarían los que tengan ganado básicamente de pasto, como cordero o cabrito, si bien con el precio que reciben por sus productos tampoco van mucho más allá de la mera supervivencia.

"Quizás sí que iremos a un cambio de modelo, pero me da miedo que vayamos hacia una concentración de la producción en manos de grandes empresas, que lo que harán es subcontratar a gente para hacer la producción y que les dé el máximo beneficio posible, es decir, hacia un modelo ultramercantil, en vez de ir hacia un campesinado diversificado", confiesa la ganadera. Por eso Marcet reivindica la necesidad de facilitar esta transición y recalca la necesidad de apoyo público porque, por ejemplo, la recuperación del suelo para adaptarlo a una explotación ecológica requiere un tiempo en el que no se obtiene producción.

"Lo más preocupante es que tenemos las sociedades montadas de una manera en que si los combustibles fósiles fallan de una manera importante no nos podremos alimentar. Tendremos un problema grande y nadie está haciendo una planificación de cómo afrontarlo y, por ejemplo, redistribuir a la población" para evitar que, en el caso catalán, el grueso se concentre en el área metropolitana de Barcelona, concluye Marcet.

Desde hace un par de meses, la Generalitat, a través del Departament de Acció Climàtica, Alimentació i Acció Rural, ha puesto en marcha un proceso participativo para la elaboración del Plan de acción para el desarrollo de la producción ecológica para el período 2023-2027, que debe sustituir al anterior, finalizado en diciembre de 2021. El Plan pretende "potenciar la transición hacia un sistema alimentario más sostenible, consolidar los esfuerzos de los agricultores por hacer frente al cambio climático, proteger el medio ambiente y preservar la biodiversidad".

Asimismo, el Plan de Acción para el desarrollo de la producción ecológica de la Comisión Europea -que data de marzo del año pasado se ha fijado como objetivo llegar al 25% de la superficie agrícola con calificación de ecológica para 2030. En 2020 se encontraba por debajo del 10%, mientras que en el caso de Cataluña estaba cerca del 20%. Entre otras cuestiones, la Comisión destaca que los cultivos ecológicos "tienen alrededor de un 30% más de biodiversidad, los animales de la ganadería ecológica gozan de un mayor grado de bienestar animal y toman menos antibióticos y los agricultores ecológicos tienen ingresos mayores y son más resistentes".

Según los últimos datos disponibles, correspondientes al cierre de 2020, los productores ecológicos en Catalunya se han multiplicado por 10 entre 2000 y 2020, pasando de 450 a 4.496. En el mismo período, la superficie agrícola ha crecido mucho más y se ha disparado de 10.827 hectáreas a 256.983, más de la mitad de las cuales se concentran en la provincia de Lleida. La facturación también ha aumentado y en el 2020 superaba ya los 800 millones. La cuestión es cómo responderá todo el sector a la actual tormenta perfecta de costes y si las administraciones hacen una apuesta firme que vaya más allá de las buenas palabras. Seguramente, de esta última cuestión depende, de forma significativa, la continuidad de numerosas explotaciones.

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