• Abel T.

Fertilizantes que abonan la huerta y matan al mar Menor

La lechuga es el producto estrella del Campo de Cartagena (Murcia), una zona conocida por su huerta y también por su implicación en los problemas medioambientales que arrastra el mar Menor debido a los restos de fertilizantes (nitrógeno, sobre todo, y fosfatos) que le llegan. Desde 2019 se han producido dos episodios de mortandad de peces, el último en agosto del año pasado, en los que esos nutrientes han jugado un papel fundamental. El desarrollo urbanístico y las explotaciones mineras han contribuido, aunque en menor medida, al deterioro. En 2020 se cultivaron 508.000 toneladas de hortalizas en la zona, que acabaron en su mayor parte, un 95%, en Alemania, Reino Unido y Francia, indica la Federación de Cooperativas Agrarias de Murcia (FECOAM).



Con el riego, el abono que le sobra a la planta se va filtrando hasta que alcanza la laguna. El Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas estimó que en el año hidrológico 2018-2019 entraron 1575 toneladas de nitratos, con un promedio diario de 4.111 kilos. La situación se complica por la descarga natural del acuífero, donde se calcula que hay acumuladas 300.000 toneladas de nitratos.

El problema no es exclusivo del mar Menor. En la investigación The global nitrogen-phosphorus imbalance, publicada en la revista Science el 20 de enero, los científicos Josep Peñuelas y Jordi Sardans, del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales, advierten sobre el desequilibrio de nutrientes que se está produciendo en la tierra por la acción del hombre. Y cuando el medio presenta demasiados nutrientes se eutrofiza, de forma que aumentan las sustancias nutritivas en el agua y eso provoca que algas y fitoplancton crezcan de forma descontrolada, hasta que colapsa el sistema.

Ramón Navia agrónomo y agricultor ecológico en la zona, solo ve una solución. “Una ley que prohíba los nitratos”. La ley de recuperación y protección del mar Menor los prohíbe en una franja de 1.500 metros desde el borde de la laguna. Algo que le parece insuficiente porque “son muy solubles y llegan desde kilómetros”. Asegura que si se apostara por la agricultura ecológica la contaminación se reduciría en un 90%. En el Campo de Cartagena la producción ecológica es el 5% del total. Rafael Seiz, del programa de aguas de la ONG conservacionista WWF, explica que la fertilización se ha ajustado con la tecnología y ahora se aplica una dosis justa. “Pero es una superficie tan grande que las cantidades de abono son enormes y el sistema puede colapsar”, concreta.



La mayor parte de los agricultores consideran injusto responsabilizar a los fertilizantes del deterioro del mar Menor. Santiago Martínez, presidente de la FECOAM, apunta a la minería, al desarrollo turístico y a las depuradoras. Un portavoz del Ejecutivo regional niega que sea así. El agricultor mantiene que respetan la ley que limita el uso de fertilizantes, el número de cultivos o los abonos orgánicos. Tampoco se puede pasar terreno de secano a regadío y se han iniciado expedientes para cerrar 8.599 hectáreas que se regaban de forma ilegal. A finales de diciembre, indica el Ministerio para la Transición Ecológica, se habían enviado a la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia 248 expedientes de 3.722 hectáreas y se habían enviado 101 apercibimientos de precintado y desconexión de 1.244 hectáreas.

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